Bienvenido a mi mundo

Bienvenido a mi mundo
gracias por la imagen a Germán Banchio

viernes, 28 de junio de 2013

Cada uno busca su gato (Cedric Klapisch, 1996)

Cedric Klapisch es uno de mis directores favoritos desde que conocí sus filmes "El albergue español" (también llamada "Piso compartido") y su secuela, "Las muñecas rusas".
Es un director cuyas películas se basan casi siempre en guiones propios y al que le gustan las composiciones corales, o sea un guión donde una multitud de personajes se cruzan y viven sus vidas en simultáneo a la del personaje protagonista. A mí también me gustan las películas corales, no por nada fui seguidor ferviente de Robert Altman hasta su muerte y lo soy de Alain Resnais.
En esta película se trata de una muchacha treintañera que pierde a su gato y a la par que va cruzándose con multitud de personas que intentan ayudarla o a veces meterse en su vida, vamos descubriendo la soledad del individuo en una ciudad. En esta película lo que el personaje de Chloé recorre es su barrio y su gente.
En ritmo de comedia, pero sin perder la compostura por eso, la película se desliza apaciblemente mostrando la vida y devenir de estos parisinos.
Ninguno de éllos tiene el porvenir asegurado, ninguno de éllos está en una situación límite, con excepción probablemente del gato Gris Gris que obviamente es negro.
Es una película que nos habla de lo importante que es la esperanza, la esperanza de encontrar al gato o a lo que sea, y de los altibajos que el individuo va sorteando a medida que vive.
Muy bueno todo el reparto, todos éllos se merecen un premio honorífico pero es Garance Clavel quien sostiene el peso del melodrama de Chloé.
Hay una serie de hallazgos imperdibles como en todas las películas de Klapisch que el espectador curioso va a detectar fácilmente. El pasaje del personaje del baterista que encarna Romain Duris, infaltable en las películas de Klapisch, es uno de estos hallazgos.
Se merece fácilmente un 8 por no exagerar mi entusiasmo.

domingo, 23 de junio de 2013

Los Unos y los Otros (Claude Lelouch, 1981)

Volver a ver "Los Unos y los Otros" es, casi, una experiencia religiosa.
A través de los años de la historia de la cinematografía, miles de realizadores han perseguido el objetivo de conseguir el espectáculo total. Los estadounidenses principalmente, han adobado sus películas con technicolor y pantalla gigante, cinemascope y cinerama, 3D y 360 grados. No lo han conseguido.
Es Claude Lelouch, en esta película de casi 3 horas de duración quien nos lleva al éxtasis del espectáculo total. Desde "Un hombre y una mujer" ese fue su objetivo, pero es en "Los Unos y los Otros" donde lo va a lograr sin lugar a dudas.
En estas tres horas de película, los personajes se devoran las escenas con muy pocos diálogos. La mayoría de las veces la imagen es tan elocuente que transmite por sí sola lo que está sucediendo. Y es por ese motivo que uno de los principales factores de éxito es que no hay cuestiones filosóficas que se discutan en el film, solo la vida y la guerra que arrasa a los seres humanos como si se tratara de los jinetes del apocalipsis.
Desde el vamos Lelouch plantea: "Solo hay dos o tres historias, en las vidas de los seres humanos y se repiten tan cruelmente, como si nunca hubieran sucedido. Willa Cather."
Para llevar adelante las historias de sus personajes en diferentes generaciones y diversas geografías, Lelouch reunió uno de los elencos más brillantes de todas las épocas. No voy a mencionarlos a todos, pero imposible olvidarse de la sensibilidad de Nicole Garcia, de la vitalidad de Geraldine Chaplin, de la sensatez de Daniel Olbrychski. De la emotividad convertida en arte en movimiento de Jorge Donn, que quedó inmortalizado para la eternidad. De Robert Hossein, de James Caan, de Rita Poelvoorde, de Macha Meril, de Evelyne Bouix.
Y de los grandes colaboradores de Claude Lelouch a la hora de concretar su maravilloso espectáculo, Michel Legrand y Francis Lai, autores de la hermosísima música que decora toda la película como un ingrediente más de satisfacción. Y, por supuesto, del señor Maurice Ravel, sin el que la película no hubiera sido posible. Tampoco olvidemos a Maurice Bejart, autor de la impresionante coreografía del "Bolero".
Y por si todo esto fuera poco, las historias son terriblemente emotivas. Imposible pasar por éllas sin que la tristeza y la melancolía no se apoderen de nuestros corazones.
Como dice uno de los personajes, el director de orquesta alemán Karl Kremer en la piel de Daniel Olbrychski, "Parecemos más felices que los jovenes de hoy porque nosotros conocimos la guerra y, comparado con la guerra, todo lo demás es bueno".
Una de las más hermosas escenas del cine, un poco el punto cumbre de la historia de Anne Meyer, quien abandonó a su bebé en las vías del tren cuando los llevaban rumbo al campo de concentración, es cuando su hijo adulto la encuentra en un asilo, perdida la memoria y perdida su esperanza. Nadie podrá ser el mismo después de haber visto esta escena, donde no hay una sola palabra, solo la cámara y nuestros corazones que completan los diálogos en silencio.
Robert encuentra a su madre y gran final.
Diez puntos para "Los Unos y los Otros", como ya dije, el más completo espectáculo en la historia de la cinematografía.


sábado, 22 de junio de 2013

Heredarás el viento (Stanley Kramer, 1960)

¿Cómo puede ser que los estadounidenses hayan olvidado a Stanley Kramer?. Este gigante de la cinematografía, eligiendo solo tres películas, se permitió hacer una autopsia del ser humano y mostrarlo con todas sus flaquezas, ignorancias y soberbia. En "El juicio de Nuremberg", a través del juicio a los criminales nazis mostró lo profunda que es la imposibilidad de ejercer la justicia aún cuando los hechos sean de tal dimensión.
En "¿Sabes quien viene a cenar?", con solo cuatro personajes, un inteligente matrimonio, su hija universitaria y el profesor de quien se ha enamorado, lleva al paroxismo la incomprensión y la necedad de nuestra cultura cuando se ve perturbada por un matrimonio interracial. Nunca más nadie pudo tratar este tema con tal claridad y esclarecida lucidez.
Pero en "Heredarás el viento", a través del caso real de un juicio que se llevó a cabo en una pequeña ciudad de Estados Unidos en 1925, se permite mostrar la crudeza del fundamentalismo religioso cuando es exacerbado por los profetas de Dios. En este caso el afectado fue un profesor de secundaria que enseñó a sus alumnos los principios de la teoría de la evolución de Charles Darwin en un estado donde una ley prohibía expresamente enseñar conceptos contrarios a la biblia y es llevado a juicio.
Un periodista esclarecido (Gene Kelly) contrata a un experto abogado (Spencer Tracy) para que se haga cargo de la defensa. En el sillón acusador se sienta el venerable Matthew Harrison Brady (Fredrich March) elevado a Coronel en un acto entusiasta de la población, encargado de defender las creencias religiosas y de defenestrar los avances científicos.
Todos estos ingredientes están sazonados en el más puro estilo far-west, por mujeres que quieren llevar a la horca al profesor y por el reverendo Brown, quien hasta maldice a su propia hija por hablar a favor del acusado.
Si alguien piensa que todo se puede dejar cerrado en ese hecho acaecido en 1925 está muy equivocado. El ser humano sigue actuando los mismos personajes hoy en día. Cada vez que el poder político o financiero quiere quitar a alguien del medio, los mismos mecanismos son activados y la muchedumbre se deja llevar alienada hacia su perdición.
Es muy recomendable que quien no haya visto aún esta película la alquile, compre o consiga por cualquier medio para comprender de lo que estoy hablando. Mi elocuencia es muy pobre y estoy muy lejos de poder transmitir el inmenso poder del mensaje que se desprende de esta película.
Vaya también un homenaje muy especial para Spencer Tracy, sin cuya presencia las tres películas mencionadas no hubieran sido lo mismo.
No creo necesario mencionar una calificación de esta película, porque mi entusiasmo es demasiado fuerte y no me permite tener la objetividad para analizar sus detalles técnicos.

jueves, 20 de junio de 2013

El gusto de los otros (Agnes Jaoui, 2000)

Agnes Jaoui y Jean-Pierre Bacri son los autores del guión de esta deliciosa película. Digo deliciosa, porque es realmente un film que se saborea del principio al fin y deja un sabroso "gusto" en el alma, "El gusto de los otros".
Agnes Jaoui es quien se hizo cargo de la dirección y es una digna heredera de su profesor, Alain Resnais.
Como en sus posteriores películas, compone una obra coral donde cada personaje juega su historia y se mueve según sus deseos, sin embargo, todos ellos confluyen en el postulado que la película intenta demostrar.
"El gusto de los otros" muestra a través de una docena de historias confluyentes, como es necesario entender al otro para poder aprender de él y no transformamos en una horda de lobos hambrientos que van corriendo por las estepas sin encontrar algo que pueda saciarnos.
Para esto hay que tomarse tiempo. No es algo que fluye de un ser al otro y mucho menos en esta sociedad donde las pautas culturales tienen miles de prejuicios y pre-supuestos impuestos por la necesidad de manipular la comercialización y "el gusto de los otros", que nos llenan de amargura y nos dejan vacíos. Además la mayoría de las veces, si lo analizamos a fondo, ni sabemos de qué se tratan.
Uno de éllos, muy importante, es el tema cultural. Tal persona es un cuatro porque no conoce a Ibsen y tal persona es un + porque ha visto todas las películas de Alain Resnais.
Pero es que cada persona es una integridad en sí misma que busca manifestarse a través de los caminos que elige transitar.
Explicado así, con mi lenguaje muy poco entendible, el mensaje de la película es absolutamente claro, porque todas las pistas están presentes y porque las historias no son grandilocuentes ni especulan con emociones, son simplemente historias de personas.
Uno de los personajes dice, "El mundo es feo y no quiero vivir en él." y otro le contesta, "El mundo no es ni feo ni bonito, es sencillamente lo que es y hay que apreciarlo por lo que es, o ¿acaso creías que vivías en Disneylandia?".
La realización de la película es impecable, la fotografía, los tiempos, la coordinación de continuidad. Cuando se hace una película de tipo coral es importantísimo contar con una buena coordinación de continuidad.
En el elenco se lucen Anne Alvaro, Jean-Pierre Bacri, Alain Chabat, Gerard Lanvin, Christiane Millet, Brigitte Catillon, Wladimir Yordanoff y, por supuesto Agnes Jaoui.
El personaje que encarna Alain Chabat, en varias secuencias, aparece en lo que el espectador supone, son los intentos desafortunados de hacer sonar una flauta, pero como todo lo demás en la película, al final se sabe de qué se trata. Una vez más se trata del gusto de los otros.
El gusto de los otros
Diez puntos muy bien ganados para esta excelente película francesa.

miércoles, 12 de junio de 2013

Vous n'avez encore rien vu (Todavía no vieron nada) (Alain Resnais, 2012)

Alain Resnais viene filmando sistemáticamente desde 1936, cuando tenía apenas 14 años. La mayoría de nosotros lo oímos nombrar a causa del juego de los fosforitos en "Hace un año en Marienbad", aún cuando este jueguito era realmente lo menos importante en esta película donde se revolvía continuamente el tema de la memoria y de si lo que recordamos ha sucedido realmente o es un espejismo en nuestro cerebro. Pero es que éramos muy jóvenes entonces. Y nunca supimos que esta película se basaba en una novela de nuestro Adolfo Bioy Casares.
Todo un tema la memoria para quien realiza un documental sobre "Guernica" en 1950 y la tremenda "Noche y niebla" en 1955 donde por primera vez se muestran las puertas del infierno de los campos de concentración alemanes.
Si la persistencia de la memoria fue un artificio gráfico para Salvador Dalí, en el genio de Alain Resnais se vuelve la magia de descubrir lo que existe detrás de las memorias colectivas.
Es por eso que en la impresionante "Hiroshima mon amour" dedica toda una película para revivir el amor entre una actriz francesa y un arquitecto japonés, donde élla revive detrás de la historia del genocidio japonés a su amante alemán muerto en la segunda guerra mundial.
También en "Muriel", revive la pasada guerra en Argelia con recuerdos tramposos, oscuros, que esconden la horrible verdad de los sucesos.
No voy a seguir describiendo uno por uno todos los intentos de Alain Resnais por deshacer nudos y mostrar las trampas de la memoria y como se distorsionan los hechos cuando hay verdades terribles que se necesita ocultar. Quien quiera conocer algo más puede ver algo de su extensa filmografía, nada lo va a decepcionar.
Pero estoy aquí para hablar de "Todavía no vieron nada", que ya no es la última película de Resnais porque está la de este año en proceso de post-producción, pero que es la última disponible.
No imagino a Alain Resnais leyendo esta crónica, pero me gustaría que lo hiciera para hacerle saber que claro, por supuesto que sigue valiendo la pena que haga sus películas y que cada una tiene lo suyo. Que no vale la pena pintar la vida con melancólicos colores póstumos. Sobre todo cuando quien está filmando es nada más y nada menos que Alain Resnais.
Ahora querido lector, queda en tus posibilidades tratar de conseguir esta película y verla h-a-s-t-a  e-l  f-i-n-a-l, porque todavía hay algo más.
No está demás decir que la declaración de amor de Alain Resnais a sus espectadores es algo que quiebra al más pintado. Salvo que se sea de lata, es imposible no recibirla.
Y aquí un pequeñísimo adelanto del final:
Fue un muy buen año aquel.
Ciento diez puntos para esta genial realización del genio del cine francés: Alain Resnais.

lunes, 10 de junio de 2013

Las flores de la guerra (Zhang Yimou, 2011)

La guerra es el compendio del daño que el ser humano puede llegar a hacer a sus semejantes. Utilizando como excusa casi cualquier cosa, se mata, se viola, se lastima, se somete, se humilla, se destruye, se persigue.
"Las flores de la guerra" se basa en una novela de un autor chino, Geling Yan, que describe los hechos de espanto que sucedieron en la segunda guerra mundial durante la toma de Nankín en 1937 por parte del ejército japonés.
Yimou no escatima silencios sobre estos hechos, los muestra crudos y violentos, pero al mismo tiempo envuelve toda la historia en una atmósfera melancólica, al narrarlos desde el presente.
Es muy dificultoso no sufrir con esta historia acerca de una misión católica en Nankín a donde llega un sepulturero para hacer las honras fúnebres del sacerdote a cargo de la misión y se encuentra con una ciudad devastada y con que el cadaver del sacerdote se ha pulverizado a causa del bombardeo. En la misión solo quedan las pupilas, adolescentes aterrorizadas a cargo del hijo adoptivo del sacerdote, otro niño jugando su realidad.
Para complicar la situación, un grupo de prostitutas huyendo de los bombardeos, deja el burdel y se refugia también en la misión.
El sepulturero es encarnado por Christian Bale, una atinada elección de Yimou, ya que saca su papel adelante a la perfección. No conozco al grupo de actrices chinas que interpretan a las pupilas y a las prostitutas, pero son todas excelentes. Probablemente Ni Ni, quien encarna a la prostituta Mo, sea quien más se destaca.
Zhang Yimou crece un poco más en mi estima con esta película tan desesperada acerca de las "flores" de la guerra y consigue, sin perder su línea exenta por completo de golpes bajos, construir una película estremecedora. Es bastante difícil verla sin ceder a la tentación de evitarla.
Pero por sobre todas estas cosas, crea una saga de increíble belleza y emoción.
Creo que se merece 9 puntos sobre los 10 en cuestión.

jueves, 6 de junio de 2013

Pocilga (Pier Paolo Pasolini, 1969)

La ideología política de Pier Paolo Pasolini estuvo siempre presente y bien clara, en toda su obra. Pero creo que en ningún film como en "Pocilga" se hace tan evidente.
Desde el principio hay dos historias en paralelo, una transcurre en un tiempo y lugar indefinidos pero claramente medievales y europeos. La otra sucede entre Italia y Alemania en los tiempos de reconstrucción después de la segunda guerra mundial.
En ninguna de las dos historias queda explícito el móvil que mueve a los personajes, salvo si se lo interpreta a la luz de la ideología marxista-cristiana de Pasolini.
Para cuando llegamos al final sentimos que, inexorablemente, Pasolini nos ha golpeado con un mazo en la cabeza. Y lo peor del caso es que, cuarenta años después de filmada, las cosas siguen ocurriendo igual o peor y el mazo duele lo mismo. Está aceptado que las soluciones políticas basadas en la doctrina marxista han fracasado en nuestro mundo actual y de alguna forma, los resultados están a la vista.
El guión fue escrito por el propio Pasolini, así que lo que no se entienda (tralalá), debe ser consultado con él o con sus biógrafos que los hay a montones.
Lo cierto es que, la película, entre medias tintas y cosas no dichas o, mejor dicho, no aclaradas, se sigue con avidez hasta el final. Aunque una vez que se llega al desenlace uno desearía no haber llegado.
El reparto es de excepción, Ugo Tognazzi y Alberto Lionello interpretan a los magnates empresarios. Pierre Clementi y Franco Citti son los caníbales medievales que tienen su "justo castigo".
Jean-Pierre Leaud y Anne Wiazemsky son los jovenes en los que el mundo no puede confiar por un futuro mejor.
También están Margarita Lozano, la favorita de los hermanos Taviani, como la mujer del empresario y, nada menos que el director Marco Ferreri como otro de los empresarios alemanes.
Se comprenda o no el mensaje (es imposible no entenderlo, puede no gustar pero no dejar de entenderse), la fotografía de la película es fascinante y contiene imagenes oníricas como en sus tragedias griegas. Paisajes volcánicos, arrasados por la lava y palacios principescos con jardines versallescos. Y los niveles de interpretación son de primera calidad.
Mi calificación es un 9 sobre 10 puntos.


Vatel (Roland Joffé, 2000)

En el año 1671, en la Francia gobernada por la monarquía absoluta de Luis XIV, el Príncipe de Condé recibe la instrucción de invitar al rey con toda su corte, a pasar unos días en su palacio.
Detrás de la instrucción hay un mensaje zanahoria-amenaza: es posible que se declare la guerra a Holanda y el príncipe podría ser el general en jefe de los ejércitos franceses.
Según el mensaje, la estadía debe ser tranquila y sencilla y, también aclara entre comillas, que esto significa exactamente lo contrario. Debe gastarse lo que no se tiene para sorprender al rey con festejos y agasajos fuera de lo común.
Todo el peso de la organización recae sobre Vatel.
Vatel (Gerard Depardieu), es el mayordomo del príncipe y un hombre de clase humilde pero que posee el genio y la preparación para imaginar y organizar estos eventos. También es un hombre sencillo, de costumbres simples y que trata de mantenerse alejado de las intrigas cortesanas. Pero pronto esas intrigas lo van a envolver también, especialmente porque no quiere verse envuelto y porque es un hombre creativo y fiel a sus principios. La bellísima Uma Thurman, encarnando a Anne de Montausier, nueva favorita del rey, va a vislumbrar en Vatel a un hombre de verdad.
Roland Joffé es reconocido mundialmente por su película "La misión", donde con tanta lucidez muestra el problema político que se jugó detrás de la expulsión de las misiones jesuíticas de sudamérica. En esa película Joffé hizo que los indígenas guaraníes fueran almas inocentes que podían ser subyugadas por la música y avasalladas por las armas de fuego de españoles y portugueses.
En "Vatel" otra vez está en juego la integridad del ser humano. La corte francesa es un hormiguero de comidillas, maldades y lucha de poderes, que como las serpientes, va a terminar autodestruyéndose con la revolución francesa. Pero sin ver esta película, estamos muy lejos de imaginar la deshumanización en la que se vivía en esos tiempos, donde los niños podían ser prostituídos para el placer de un duque y las mujeres desfilaban por la cama del rey según sus caprichos de última hora.
Roland Joffé consigue comprometer al espectador para que, por detrás de las tapas de las revistas, se de cuenta del mundo inútil y falto de futuro que lo rodea. No está muy lejos de las costumbres cortesanas que manejan a las grandes corporaciones ni a los sistemas políticos de todos los países.
Tampoco Francia, a pesar de su revolución, ha podido alcanzar los principios de igualdad, libertad y fraternidad que se proponía.
Todos los eventos que Vatel organiza y pone en escena para el rey, Roland Joffé los pone en escena para el espectador, así que la película es deslumbrante en imagen y sonido. Y hablando de sonido, la música pertenece a Ennio Morricone, en una de sus más brillantes colaboraciones con el cine.
Nadie puede quedar decepcionado con esta película, ya que contiene todo lo necesario para deleitar y dejar pensando durante largo tiempo al espectador inteligente.
Mi calificación es de 9 puntos sobre 10.