Bienvenido a mi mundo

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gracias por la imagen a Germán Banchio

domingo, 27 de abril de 2014

Las fresas de la amargura (The strawberry statement) (Stuart Hagmann, 1970)

¡Qué magnífica película!. Todavía la escena final me duele en el cuerpo y espíritu. Cuando se hace esta película, quien escribe tenía 23 años y los personajes tenían 20 años, por lo tanto la identificación era total. Hoy que tengo algunos más, los sigo entendiendo, pero ya con otra mirada, menos pasional.
El título real de la película es "La sentencia de las frutillas" y su razón de ser en la película es porque el rector de la universidad ha dicho que "que los estudiantes tengan una opinión es como que digan que les gustan las frutillas".
Estamos en los años de la gran rebelión estudiantil con tomas de edificios y emisión de opiniones tajantes.
La toma de este colegio, se debe a que el rectorado ha cerrado el patio de juegos de los chicos y se piensa que es para vendérselo a una corporación. Además porque se sabe que el colegio instruye a soldados que van a pelear a Vietnam y algunos pecadillos más del sistema.
Simon (Bruce Davison) es estudiante en esta universidad de San Francisco y participa del team de remo. Es su gran pasión y en realidad ignora absolutamente los aspectos políticos de la huelga a la que incitan los estudiantes. Por curiosidad y espíritu aventurero se inmiscuye en el colegio y queda fascinado por como comparten la toma los estudiantes. Lo nombran miembro del team de alimentos junto a Linda (Kim Darby) y ambos van a iniciar una relación libre y natural.
Pero el clima se ensombrece, el sistema no permite que los estudiantes se metan con sus negocios y llama a la policía y a los gendarmes para desalojar el edificio.
La gran escena final consiste en eso, la entrada de los soldados en la universidad y el desalojo violento de los estudiantes. Es entonces cuando la realidad queda en carne viva.
La gente que curiosea desde afuera emite sus opiniones al respecto, como si estuvieran ante una gran pantalla de televisión. Hay quienes alientan a los estudiantes encendiendo velas y los del team de atletismo que los quieren moler a golpes.
Toda la película está llena de música de los años sesenta, el tema principal lo canta la activista india Buffy Sainte-Marie y es un tema de Joni Mitchell, "The circle game". También hay música de Neil Young, de Crosby Stills y Nash y el gran "Something in the air" en la versión de Thunderclap Newman. Y como si fuera poco los estudiantes cantan "Give peace a chance" de Lennon y McCartney.
La dirección mantiene un ritmo impecable que va in crescendo hasta el desenlace final donde la violencia se desata. La película ganó el gran premio del jurado de Cannes, pero su director no volvió a filmar. Pequeñas delicias del sistema capitalista.
Escena final (11:38)
Buffy Sainte-Marie "Circle game"
Como 120 puntos para Stuart Hagmann y esta versión de la rebelión estudiantil de los años sesenta que quedará fresca en la memoria de quienes hayan visto la película.

lunes, 21 de abril de 2014

La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013)

Un absoluto lujo para cinéfilos. "La gran belleza" tiene ese sabor a espectáculo, reflexiones y humanidad que no se veía hace mucho tiempo en el cine y aún menos en el gran cine italiano.
Heredero directo del gran Federico Fellini, Paolo Sorrentino vuelve a poner en escena la decadencia de la sociedad romana y la belleza inherente a la deslumbrante ciudad de Roma y a sus marionetas.
Rememorando a cincuenta años de la filmación de "La dolce vita", Paolo Sorrentino nos brinda con una mirada actualizada y con una excelente fotografía de Luca Bigazzi, la visión de Jep Gambardella (la mejor actuación de Toni Servillo desde "Bella addormentata") sobre los personajes que deambulan por el jet set de Roma. Jep Gambardella ha escrito una sola novela en su juventud por la que ha sido ampliamente reconocido y a sus 65 años medita en que debiera escribir otro.
Los guiños al cine de Fellini son innumerables y es evidente que Paolo Sorrentino quiso hacerle un homenaje.
El cruce del personaje con Fanny Ardant con un diálogo escueto -Madame Ardant- dice Jep, -Bonne nuit- contesta Fanny Ardant, remite a Fellini-Roma cuando la cámara sorprende a Anna Magnani regresando a su casa.
De "Julieta de los espíritus" hay escenas muy parecidad, las damas de la sociedad todas éllas con importantes capelinas rodeando al cardenal en una escena campestre. La visita a la vidente se transforma por acto de magia contemporáneo en el consultorio de un aplicador de botox. Hay innumerables guiños a Fellini, una de las que acude por bótox es una monja que luego acudirá con igual fervor a visitar a la santa.
La editora de Jep, que es una enana nos hace acordar de la monja enana de "Amarcord".
La pregunta de Jep al cardenal sobre sus dudas existenciales quedan sin respuesta porque el cardenal huye presuroso y cuando no puede, porque está en su auto, procede a bendecirlo.
Otro personaje inolvidable es el de Ramona (Sabrina Ferili), la stripper que se gasta todo su dinero en no se sabe qué, hasta que devela que es en su enfermedad.
Y como broche de oro la visita de la santa, una monja que vive atendiendo a sus pobrecitos en el Chad y que en su estadía en Roma insiste en conocer a Jep porque es una admiradora de su novela y quiere que estén también los condes de Colonna porque los conoció de pequeña (la monja tiene 104 años) que ya han muerto, pero el organizador contrata a dos nobles que por una tarifa razonable acuden a fiestas y comidas.
El ritmo es excelente y si bien al principio de la película nos abruma un poco con las fiestas y los bailes, esto es necesario para introducirnos en el clima que la película promueve.
Hay cientos y cientos de llamados al asombro y esto es otro guiño al cine de Fellini. Pero no es una película de Fellini, aunque comparte su amor por los personajes. Es definitivamente una película y una gran película de Paolo Sorrentino al estilo de Fellini.
La gran belleza (incluye cruce con Fanny Ardant)
Títulos finales
Los diez puntos de mi modesta calificación se quedan cortos para apreciar una obra maestra del cine como esta.

sábado, 19 de abril de 2014

Rompecabezas chino (Casse-tete chinois) (Cedric Klapisch, 2013)

En el año 2002, Cedric Klapisch llamó la atención contando la historia de un grupo de estudiantes de diferentes nacionalidades que comparten un piso en la ciudad de Barcelona. En Argentina se llamó "Piso compartido", pero en general se conoció como "El albergue español". Fue tanto el éxito de esta película que en el año 2005 decidió retomar los personajes y continuar la historia en San Petersburgo, el título fue "Las muñecas rusas".
Diez años más tarde, o casi, vuelve a poner en movimiento a sus marionetas, ahora en Nueva York y el título es "Rompecabezas chino". Sin perder su originalidad, ya que en realidad no repite sketchs ni los personajes se comportan como en una serie de televisión repitiendo los mismos gags, la historia nos engancha del principio al fin y no pierde oportunidad para demostrar la originalidad de los enfoques ni de las tomas. Quizás la escena de Romain Duris corriendo por las calles se repite varias veces, pero es casi un mensaje de la celeridad con que se vive en Nueva York.
Hay un especial desenfado en la manera de contarnos la historia y en cómo se va desarrollando. De un viaje en taxi puede resultar una esposa china para el protagonista.
Si bien la simpatía de Romain Duris es la fuente de gran parte del encanto del film, no hay que desmerecer las actuaciones de Cecile de France como su amiga lesbiana, Audrey Tatou como su primer novia ni de Kelly Reilly como su mujer.
La música es acorde con la época en que se desarrolla la película, música techno-rock con algo de rap.
En especial hay que resaltar la escenografía. Los departamentos de Nueva York van desde el suntuoso piso ubicado frente al Central Park hasta el más modesto ubicado en pleno barrio chino.
El ritmo es vertiginoso, como la historia que se cuenta va girando y cambiando de lugar, tal como el protagonista lo describe, en un "rompecabezas chino".
Trailer subtitulado
Siete puntos sobre diez para esta divertida comedia del cine francés.

miércoles, 9 de abril de 2014

Pieza inconclusa para piano mecánico (Nikita Milkhakov, 1977)

Anton Chejov escribió la obra de teatro "Platonov" cuando tenía 18 años, en 1880. El texto fue rechazado por la dirección del teatro y solo reapareció en 1921 en la caja fuerte de un banco de Moscú.
Nikita Mikhalkov junto a Aleksandr Adabashyan hacen una adaptación de la obra en este film. Muchos de los elementos que aparecerán más tarde en el teatro de Chejov ya están presentes en "Platonov".
La casa de campo hipotecada, la vida alegre de la burguesía que ignora que todo se está derrumbando a su alrededor. El fracaso de los ideales estudiantiles, la poca solidaridad con los campesinos.
La frustración de estos personajes sin embargo tan inocentes y tan queribles es lo que hace el trasfondo de "Pieza inconclusa".
Anna Petrovna, dueña del caserón invita a sus amigos a un día de campo con almuerzo, juegos y celebraciones. Entre los invitados está Mijail Platonov, un maestro de escuela que abandonó la universidad y que vive frustrado al lado de su esposa Sasha, no querida y sometida a sus avatares.
El hijo de Anna Petrovna, Sergei Pavlovich acaba de casarse y desea presentar a su esposa a sus amigos y vecinos. Sophia, tal el nombre de la esposa, resulta ser el amor de los días de estudiante de Mijail Platonov.
Mikhalkov filma esta "Pieza inacabada" en 1977, pleno final de la Unión Soviética y muchos de los mensajes del comunismo idealista están expresados por los personajes. Pero también sobre éllos cae la sombra del fracaso y de la más absoluta incapacidad de hacer algo útil con sus vidas.
La escena culminante es cuando un campesino llega bajo la lluvia a buscar al médico. Le trae una carta donde lo explica la enfermedad de su esposa. El médico le pregunta para qué lo escribió y el campesino contesta, porque no sabía si me iban a recibir. El médico le contesta que irá a ver a la esposa el día siguiente o el próximo. El campesino intenta tímidamente pedirle que lo acompañe, que tiene los caballos listos, pero el médico se rehusa.
Platonov increpa al médico, ya que es el único médico en la comarca cómo es que no cumple con su obligación de atender a los pacientes. El que ha finalizado sus estudios universitarios cómo es que se manifiesta ausente.
Llena de absurdos y momentos emocionales, esta "Pieza inacabada" es una joya de la cinematografía universal. Hay mucho simbolismo, el chico que persiste en hacer sonar en la victrola "Una furtiva lágrima" de Donizetti. La lluvia que envuelve el ambiente campestre de dulces colores otoñales.
Las actuaciones de Aleksandr Kalyagin como Platonov y de Elena Solovey como Sophia son maravillosas.
Una comedia de época con matices agridulces que nos muestra la decadencia de la sociedad rusa de fines del siglo XIX.
Escena final.
Es imposible calificar una obra maestra del cine como ésta. Los diez puntos quedan cortos para ilustrar su valía.

viernes, 4 de abril de 2014

La forja de un rebelde (Mario Camus, 1990)

Esta super producción de la televisión española está basada en la novela de Arturo Barea del mismo nombre, que es un relato autobiográfico de la tragedia española del siglo XX.
Cuenta desde su infancia como estudiante en un colegio religioso, pasando por su adolescencia trabajando como esclavo en una tienda y finalmente retomando sus estudios. Luego cuenta de su matrimonio, que mantendrá a pesar de los sinsabores de la vida en pareja hasta bien entrada la guerra civil. Después es enviado a la guerra de Marruecos, una guerra sangrienta y cruel, que como bien dice el personaje, han fabricado los generales españoles para esconder la derrota en la guerra contra Estados Unidos en que perdieron sus colonias de ultramar, Cuba y Filipinas. Contrae el tifus y eso lo marcará de por vida haciendo de él un hombre inútil para los trabajos de esfuerzos. Al regreso a Madrid entra a trabajar en la oficina de Patentes y allí se encuentra con los chanchullos de los empresarios, los que esconden un invento para extraer azúcar de la remolacha porque les hace perder sus ganancias con los descartes de la caña de azúcar. Esto lo lleva a participar en política, defendiendo la posibilidad de la república, la que llega finalmente y es combatida y resistida por los factores de poder, ejército, burguesía y clero.
Como todo en la historia del mundo, cada ser humano elije su lugar en el "martín pescador" de la vida. O eres pudiente, conservador, religioso y te importa un pito de los demás e intentas destruirlos o eres socialista, comunista o el ista que más te guste y tratas de modificar el mundo para que sea un poco mejor.
Esta es la forja de la que habla Arturo Barea en su novela y a la que un señor director como lo es Mario Camus supo trasladar a la perfección a la imagen y a los sentimientos. Es una especialidad de Mario Camus el mostrar las miserias de los seres humanos con poder y como lo ejercen sobre los desposeídos. Ya en "Los santos inocentes", nos había dado una clase magistral.
Por eso no son de extrañar las escenas de Marruecos, donde por la intervención de Barea se salva una higuera de ser dinamitada y de las miserias de la guerra, donde llega gente pobre y humilde campesina a ser entrenada para combatir con rifle y bayoneta. El personaje que encarna Jorge Sanz, un campesinito gallego que pierde una pierna y dice que volverá a su pueblo a compartir con el desgraciado del pueblo su destino, es de una ternura que conmueve hasta las piedras.
Luego vendrán las secuencias de la guerra civil, los bombardeos de aviones alemanes sobre las ciudades y sobre los civiles. La destrucción de la ciudad de Madrid en su resistencia a ser tomada por las tropas de Franco. Un ejército que ha hecho la guerra contra sus connacionales no puede vanagloriarse de nada.
El personaje de Barea es encarnado por Jorge Juan García Contreras en los capítulos de su niñez y por Antonio Valero en el resto de los episodios. Es extraordinario como el actor nos hace sentir ese dolor y opresión de quien ve y siente las injusticias y la maldad de los poderosos y nada puede hacer contra éllos.
En definitiva, una miniserie en seis capítulos que se deja ver con la suficiente paciencia y que nos oprime el corazón pero no por sensiblerías o por historietas de muerte, sino por el fondo de la olla del ser humano.
La noticia del comienzo de la guerra civil española en el siguiente enlace:
El golpe de estado de 1936
Diez puntos sobre diez para "La forja de un rebelde".